situaciones estresantes (uso de antibióticos, quimioterapia, vacunación, etc.);
malestar general (anemia, diarrea, vómitos, toxicosis, enfermedades de los órganos digestivos y respiratorios, manipulaciones quirúrgicas, etc.);
aumento del consumo de proteínas (embarazo, lactancia, exceso de trabajo);
trastornos del crecimiento y desarrollo, recuperación de enfermedades recuperadas, falta de apetito.